El resultado de todos tus condicionante históricos, sociales, familiares, físicos y psicológicos te convierten en una persona única, irrepetible. Y aunque no tengas consciencia de ello lo eres, pero no sin antes ser lo que otros quieren. Pues incluso antes de nacer ya en nuestro entorno, se establecen una serie de valores y expectativas para nosotros. Aun así:

¡Eres irrepetible!

Y si has tenido la suerte de tener unos padres y personas que te amen intensamente y te acepten de manera incondicional, lo tendrás claro. Y te sentirás bien por ser quién y cómo eres. Y en tu interior habrá una voz que te alumbre como una estrella y en los momentos oportunos te dirá:

¡Tú Puedes, Tú Quieres, Tú Vales!

Aunque a veces ocurre lo contrario, no recibes el respeto, ni el amor ni la aceptación mínima que los seres humanos necesitamos. Y empiezas a creer que eres un perdedor, una persona que no vale, que no puede…y te encierras en lo que no tienes, en lo que tal vez nunca consigas. Créeme, esa es la fórmula para la desesperación, para el vacío y la falta de esperanza.

Más allá de tu apariencia, circunstancias e historia, tienes el don de la vida en tus manos

Pero ¿hasta que punto lo sabes? ¿Hasta que punto eres consciente de que la manera de definirte va a determinar el grado de plenitud en la vida que vives?. La vida no se ha hecho a la medida de nadie, ni es hostil ni es favorable, sencillamente es indiferente. Por tanto, la responsabilidad de vivirla acorde a tus necesidades es tuya, ¿Qué vas a hacer entonces?

Cuando te sientas sola/o lee esta profunda reflexión y lección de vida que Chaplin nos regaló:

CUANDO ME AMÉ DE VERDAD

Cuando me amé de verdad comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene un nombre…”AUTOESTIMA”

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no es sino una señal de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es…”AUTENTICIDAD”

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente y comencé a ver todo lo que acontece y que contribuye a mi crecimiento. Hoy eso se llama…”MADUREZ”

Cuando me amé de verdad, comencé a percibir como es ofensivo tratar de forzar alguna situación, o persona, solo para realizar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o la persona no está preparada, inclusive yo mismo. Hoy sé que el nombre de eso es…”RESPETO”

Cuando me ame de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable…, personas, situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. De inicio mi razón llamó esa actitud egoísmo. Hoy se llama…”AMOR PROPIO”

Cuando me amé de verdad, dejé de temer al tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es…”SIMPLICIDAD”

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y con eso, erré menos veces. Hoy descubrí que eso es la…”HUMILDAD”

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama…”PLENITUD”

Cuando me amé de verdad, percibí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, ella tiene una gran y valiosa aliada. Todo eso es…”SABER VIVIR!”

–Charles Chaplin–